martes, 11 de septiembre de 2012

El 11-S, "Necionalismos" y trapitos de muchos colores

Hoy, 11 de Septiembre, en el mundo se conmemora un aniversario más del gran horror de "Las Torres Gemelas" de Nueva York. Parece ser que nada más ocurrió otro 11 de Septiembre.

El primer gran evento de la historia reciente fue el golpe de estado que llevó a cabo el dictador Pinochet en Chile, y que supuso el fin del régimen democrático en ese país (hasta hace poquitos años) y la muerte del presidente de la república, Salvador Allende, que se negó a abandonar el Palacio de la Moneda. No se sabe si Don Salvador Allende se suicidó o murió por el bombardeo que el ordenó el dictador Pinochet, apoyado por todas las facciones políticas de derechas de Chile, por el ejército, y posiblemente por la siempre omnipresente potencia y prepotencia de los EE.UU de América.
Para mi opinión, este hecho fue muchísimo más grave (sin menospreciar a los 3000 muertos de N. York), ya que, además de las miles y miles de personas que el régimen pinochetista liquidó, habría que sumar las miles de familias que tuvieron que emigrar por cuestiones políticas, el sometimiento del resto de la población al régimen, y, sobre todo, el periodo que transcurrió desde 1973 hasta el plebiscito de 1988: en total, 15 años de horror, donde las libertades brillaron por su ausencia y por el régimen de terror que el augusto dictador llevó a cabo con el beneplácito de las grandes potencias. Por eso, cuando, el 11-S se conmemora la tragedia neoyorquina, no puedo por más que sentir pena de los periodistas que machacan año tras año con la misma cantinela. Por favor, redactores jefe de informativos y periódicos: ¡tened un poco más de decencia política y una memoria más larga y justa!


Por otro lado, hoy es el día nacional de Cataluña. Quiero explicar (de la manera más objetiva posible) en qué consiste este día y el origen del nacionalismo catalán. Este día se reivindica la independencia de Cataluña.
Un 11 de Septiembre de 1714, las tropas pro-borbónicas tomaron Barcelona, que se había opuesto a la llegada al trono hispano de un borbón, nieto además de Luis XIV (posiblemente el rey francés que más hizo por destrozar España). Cuando Carlos II, el último rey de la dinastía Habsburgo española, llegó a la corona, pronto se vio que su débil salud acabaría con esta dinastía, con lo que algunos soberanos europeos reclamarían derechos hereditarios por sus respectivos matrimonios presentes o pasados. Al morir Carlos II se desencadenó una guerra civil en España y una guerra por la sucesión española en toda Europa. En España se enfrentaron la facción pro-borbónica contra la que defendía al candidato de la dinastía Habsburgo, en este caso de la rama austríaca. Como siempre, en España se impuso lo que más daño podía hacer: la dinastía borbón, una dinastía francesa. Muy pronto España quedaría subordinada al poder de Luis XIV gracias al borbón Felipe V, por el que el pueblo español luchó para que reinase. El 11 de Septiembre de 1714 significó para Cataluña el fin de las libertades institucionales que tenía con respecto a la corona: sólo eso y nada más que eso. Siguiendo con esta línea nacionalista catalana, es bueno aclarar que en 1640, Cataluña tuvo un intento de secesión de la corona española, pero apoyándose en la corona francesa. De hecho, el rey francés controló este condado hasta que finalmente el monarca español volvió a controlarlo.
Las desavenencias del condado de Barcelona se remontan aún más, a la Baja Edad Media, a finales del siglo XIV. El condado barcelonés estaba incluido en la corona de Aragón desde la Alta Edad Media, y el rey de Aragón venía siendo un miembro de la casa barcelonesa hasta que en el siglo XIV esta rama dinástica desapareció, pasando la corona del reino aragonés a la cabeza de un trastámara, y un siglo después ya se sabe que se unieron las dos coronas en las figuras de Isabel y Fernando, descendiente de esta línea sucesoria. El fin de la dinastía barcelonesa en la corona aragonesa fue paralelo al declive de Cataluña en el comercio mediterráneo. La hegemonía que los catalanes (además de genoveses) tenían en el Mediterráneo occidental pasó a manos valencianas, y posteriormente a manos andaluzas en aguas ya atlánticas, tras el re-descubrimiento de América por el genovés Colón. Bajo mi punto de vista, el malestar catalán proviene de estas centurias y no del siglo XVIII. Las reivindicaciones catalanas son las reivindicaciones de la burguesía catalana que tenían mucho poder antes de su declive en el XIV, y que se politizaron por sus propios intereses, llegando al punto de echar mano del rey francés (echando mano el rey galo al cuello de Cataluña) para conseguir sus fines.
Llegado a este punto, ¿qué significan las banderas? Las banderas son ignorantes y necias, son excluyentes: la afirmación de su reivindicación significa la negación para otra bandera: los nacionalismos, vengan de donde vengan, son necios, porque, sin saberlo, buscan enfrentamiento: los "necionalismos" tienen muchos colores y muchos seguidores, pero los que los guían son los mismos: políticos que sólo buscan su propio interés y se aprovechan del conocimiento parcial de la gente, hacen un uso sectarista de la historia: toman lo que les interesa de la historia, obviando el resto de manera premeditada. Así consiguen una historia a la carta, confundir a las masas y de paso dedicarse a la política, que ya se sabe, con 8 años de ejercicio, ya tienen toda la vida resuelta.

¿Qué significa el idioma para una comunidad, que los que hablan el mismo idioma forman un país, o nación? Posiblemente sea cierto, pero no sólo el idioma conforma una nación, sino el ambage histórico-cultural de ese grupo de personas.
Por lo demás, los trapitos y las cancioncitas que adornan toda esta parafernalia nacionalista son símbolos huecos qué sólo convencen a las masas ignorantes y a adolescentes, deseosos de romper con cualquier cosa establecida, pero que por ello no quiere decir que tengan razón. Los nacionalismos son por definición peligrosos (el catalán, el vasco, el español, el gallego, etc), si bien sirven para exigir a los políticos una serie de ventajas para las comunidades que defienden. Los nacionalismos sirven para crear un orgullo común de comunidad diferenciada dentro de una mayor, como Cataluña en España, o España en España.
Dicho todo esto, yo me pregunto por qué los andaluces, que tenemos motivos sobrados para tener un orgullo común que vaya más allá de la charanga y pandereta, de los toros, de los chistes, del sol, de la falsa simpatía... Andalucía ha tenido una historia muy rica y, aunque no tenga lengua propia, esto no es óbice para que el andaluz pueda tener un orgullo propio, un nacionalismo, sobre su historia y su cultura. Entre la leyenda y la historia está la rica y floreciente Tartessos. En casi las mismas tierras que hoy conforma Andalucía se extendió Turdetania, considerada por los historiadores clásicos como la heredera de Tartessos y distinta y mucho más evolucionada que los pueblos íberos que poblaban la geografía peninsular, con leyes orales con varios miles de años de antigüedad. Tras las conquistas cartaginesa, romana y visigoda, llegó la dinastía Omeya y definió una cultura muy rica y floreciente, y un territorio, Al-Andalus, con capital en Córdoba, y tras la desaparición del Califato cordobés y los Reinos de Taifas (avance de las futuras provincias andaluzas) llegó la dinastía giennénse nazarí, que dio lugar al reino de Granada. El último rey de Granada, o lo que es lo mismo, de Al-Andalus, fue expulsado en 1492. Desde entonces, a Andalucía se le ha negado el pan y la sal. Las familias que desde Castilla venían a colonizar las tierras andaluzas recién conquistas cambiaron el color de la piel y el idioma del andaluz, pero se aculturaron del nuestro bagaje. Si tenemos una parte de nuestro ADN que es tartésico, turdetano y andalusí, ¿por qué el andaluz defiende el nacionalismo español y no defiende su propia identidad? Sería muy bueno pecar de nacionalista y defender lo que desde fuera nos quieren quitar, sin que por ello se pretenda buscar la independencia con respecto a España.

2 comentarios:

  1. "Todo imbécil miserable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en esto de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad; en ello se ceba, y en su gratitud estúpida está dispuesto incluso a defender (con manos y pies) todos los defectos y todas las tonterías propias de su nación."
    Arthur Schopenhauer

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    1. Gracias por tu comentario. Hasta hoy no he tenido ocasión de recuperar mi blog, y por tanto, de leer esta interesante aportación (que desconocía), y que estoy completamente de acuerdo.
      El nacionalismo, al igual que el romanticismo, es hijo de las revoluciones europeas del siglo XIX. El primer nacionalismo, al equiparar nación con hombre, buscaba ahondar en libertades, dentro de aquella turbulenta sociedad. Pero ya en ese siglo se escindió de las corrientes que buscaban mayores libertades para la sociedad (democracia, sufragio universal, o mayores prestaciones sociales por parte del Estado). Desde entonces, y hasta hoy, el nacionalismo, dentro de una nación, representa una corriente reaccionaria y, por su propia definición, excluyente. Pretende (como en España) trazar fronteras dentro de naciones más que formadas, pretende dividir a los ciudadanos entre patriotas y no patrias, pretende amoldar la historia a su mini-historia particular, muchas veces forzada. El nacionalismo se alimenta de ignorancia, engulle al ser humano, lo idiotiza y lo enfrenta al que tiene al lado. En fin, estamos, por desgracia, en un ciclo histórico en donde el nacionalismo tiene un gran protagonismo, es el que rige la política mundial, el que vanaliza todo lo que no sea afín a él, y el que ha provocado la mayoría de los desastres humanos en los últimos cien años.

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